miércoles, 28 de marzo de 2012

Apuntes sobre "El oido del poema"













1. EL JUEGO

Walter Cassara no escribió un libro de ensayos. Tampoco se trata de un crítico literario. Walter Cassara es un poeta que juega con palabras, y como tal intenta responderse la misma pregunta que se hacen todos los poetas: ¿Qué es la poesía?

Pretender una lectura lineal de El oído del poema (Walter Cassara, Editorial Bajo la Luna, 2011) sería reducir el libro a un simple ensayo, una crítica literaria, sería despreciar lo que Walter nos propone, un juego donde la crítica, el ensayo, son también una forma de decir poesía.

Y pretender que un aprendiz de poeta cómo quien esto escribe, tan sólo lea un libro de principio a fin, sería no entender que un poeta es siempre alguien que juega, es el niño que todos conservamos dentro nuestro.

La intención de este texto es rescatar algunas ideas del libro, porque la poesía se construye de palabras, ritmo, sonido, misterio, pero también de ideas, ya que la poesía nunca deja de ser una forma de mirar el mundo, la mirada de hombres que piensan.

Walter comienza el libro reflexionando sobre la relación entre crítica y poesía, para así repetir la misma pregunta que se hace Mario Luzi: “¿La simplicidad y la naturaleza de la poesía eximen al poeta de toda justificación?” ... a lo que Walter responde:

Claro está que la respuesta debería ser un rotundo no, ya que simplicidad y naturalidad son dos virtudes que hoy por hoy nadie conquista sin un arduo ejercicio de depuración emocional en el diván, frente a la página en blanco o en el trato diario con el mundo (...) la función del poeta –si es que todavía le corresponde alguna- debería consistir en ayudarnos a llevar esa carga; hacer que el lenguaje sea, por un instante al menos, no el tiempo condenado o muerto de una clausura formal, sino el de una comunicación efectiva.


2. EL RUSO

Walter tiene una mirada rusa del mundo, es alguien que ha nacido en el siglo XX, en plena guerra fría. Y si bien no me lo imagino cual agente 86 en oficinas de KAOS o KONTROL, sí me lo imagino como cualquier poeta ruso, un poco al costado, escribiendo en esa lengua que ha sido desde siempre escribir contra la censura o la persecución política (...) o como Anna Ajmatova dijo alguna vez, que ningún país se tomaba tan en serio la poesía, ya que uno podía morir por dedicarse a ella.

Walter tiene una mirada rusa del mundo, porque como todo poeta entiende que el ojo con que se elige mirar el mundo es también una elección política. Por eso es capaz de interpretar y comprender la poesía rusa, donde cada uno de sus protagonistas tuvo que ser un vidente, un loco o un sonámbulo. Y por eso rescata a la poesía de Joseph Brodsky como poesía política, en el mejor sentido que puede tener esta noción tan discutida y vapuleada (...) poesía que no necesita recurrir a ninguna de las astucias demagógicas que manipulan los autores “comprometidos” (...) De cualquier manera, tratándose de un escritor ruso, la expresión poesía política suena poco menos que a un insulto o a una broma. (...) El propio Brodsky dijo alguna vez que entre esas dos palabras, salvo por la letra pe inicial, no había nada en común.

Pero si lo que importa es la mirada, ¿por qué el libro se llama “El oído del poema”?. Bueno, como decía el Don Juan de Castaneda, los poetas suelen ser personas que entienden que ver no es un asunto simplemente de los ojos. Walter nos recuerda también a Henri Michaux, para quien “lo fantástico es todo aquello que existe y es absolutamente natural, pero... que no conviene”.

Reflexionando alrededor de la obra de Henri Michaux, Walter se pregunta: ¿Qué impide que de repente, una mañana, al levantarnos de la cama, no se haga trizas la imagen en el espejo? (...) Si el encantamiento no se rompe es porque el understanding opera todo el tiempo como un tamiz de disturbios fantásticos, corrigiendo los flujos caóticos y filtrando los impulsos agresivos que, de otro modo, llenarían de grumos o agujeros negros nuestra percepción de lo real. (...) Precisamente la poesía empieza allí donde se rompe dicho tamiz y se abre un abismo entre lo acreditado y lo no acreditado por la conciencia, porque: “¿qué hay en una palabra que no pueda transformarse en cuchillo? Y después ¿cómo no tomarlo, cómo detenerlo?” (...) El poeta se nos revela cómo aquel que puede ver más allá del mundo ordinario, aunque siempre accidental u oblicuamente.

Seguimos sin entender qué es la poesía, pero al menos Walter nos está ayudando a interpretar quienes son esos tipos raros que se ponen a escribir cómo si estuvieran poseídos por una fuerza endemoniada.

Y más raros aún que los poetas son los traductores de poesía, o al menos esos traductores capaces de producir textos que cuando se confrontan con el original, el lector verifica la misma distancia que hay entre un borracho que da en el blanco y otro que se propone encarnar la alocución más inspirada de su vida; uno que sabe lo que dice y otro que sobreactúa su curda en la fría sobriedad de las diez de la mañana.

La traducción literaria, su finalidad última –según las ideas consagradas por Walter Benjamín- consiste en dar con una forma que pueda injertarse y despertar en la lengua receptora “un eco del texto original”.


3. LOS POEMAS

Leyendo el libro, uno va incorporando ideas alrededor de los poetas, los traductores, la poesía, pero Walter no se olvida de los poemas, la materia prima que justifica todo lo demás:

“Verde verderol/ endulza la puesta del sol./ Palacio del encanto/ el pinar tardío,/ arrulla con llanto/ la huida del río./ Allí el nido umbrío/ tiene el verderol:/ Verde verderol,/ endulza la puesta del sol” (Juan Ramón Jiménez)

Más allá de lo que pueda significar la palabra “verderol”, es interesante cómo Walter recuerda estos versos que le recitaba su abuela, en un barrio del conurbano bonaerense donde las mujeres mostraban un ingenio verbal y (¿por qué no decirlo?) un alto grado de honestidad filosófica que las conversaciones masculinas –por lo general estancadas en tres o cuatro tópicos obligatorios- retaceaban en pos de un sentido común.

A propósito de los versos de Juan Ramón, Walter ensaya una peculiar reflexión:

¿Dónde empieza y donde termina un poema? ¿Cuánto puede durar en la memoria de un hombre? ¿Cómo llegaron aquellas líneas, escritas en tan prístino español, a alojarse en la cabeza de mi abuela –descendiente de una familia de napolitanos-, y luego pasaron a anidar a otra cabeza –la mía- ya invadida totalmente por televisores Hitachi, pantalones nevados, la música de Michael Jackson y los videogames?

(..) Quizás un poema, más allá de su última línea impuesta, no tiene –no puede tener- conceptualmente un final; a lo mejor, tan sólo se termina, del mismo modo que un camino puede desembocar de pronto en un barranco. Entonces, en lugar del final de un poema, acaso sería mejor hablar de una caída o de un fading de la voz, una distensión en el ritmo de las frases, un descenso enunciativo que al llegar al borde del último verso, debería idealmente hacernos retroceder y devolvernos al comienzo. (..) porque hemos sido llevados de las narices hasta allí por la misma fuerza cohesiva del ritmo, y porque dicha fuerza está perfectamente equilibrada, de manera que en ninguna parte resulta más débil o más fuerte de lo que debería ser.

Si algo falla en ese delicado mecanismo, si alguna línea o palabra cae por fuera del campo magnético, el oído es el primero en advertirlo y reencauzarlo intuitivamente, ya que bien pensado, en poesía, mucho más que de escribir, se trata de escuchar. Y es sólo el oído quien dicta el tono, la longitud exacta, la dirección semántica y, por lo tanto, también el final del texto.

Detengámonos en esa idea de “fuerza cohesiva del ritmo”, o dicho de otra forma, la singular diferencia entre los poemas-canción y los poemas-poemas, porque en las canciones es la música la que actúa como “fuerza cohesiva”. En cambio, los poemas están a la intemperie, no tienen más alternativa que refugiarse en las propias palabras.

Walter adhiere también a la teoría de Valéry que dice que “un poema no existe más que en el momento de su dicción”, y sólo puede ser aprehendido plenamente cuando está “en acto”, y tal como reflexiona Valery, la clave no está en pensar el poema en los términos estrictos de la danza, sino en los de un “andar en cadencia”, un movimiento coordinado del cuerpo y el intelecto, un trajinar entre el sonido y el sentido cuyo corolario inmediato puede llevar o no a la escritura, pero cuya finalidad última es “crear un estado, un tiempo y una medida del tiempo que no pueda distinguirse de su forma de duración”.


4. LOS POETAS

Podría decirse que a lo largo del libro, Walter disecciona la poética de diversos autores, tan sólo como excusa para hablar de poesía, poetas, poemas.

Refiriéndose a la poética de Nicolás Godino, Walter retoma ideas del filósofo Ludwig Wittgenstein, para decir que el poema muestra aquí un estado de cosas (un conjunto de hechos y relaciones eventuales) sobre el trasfondo de una verdad última e inexpresable; muestra lo que en su impotencia la palabra ya no puede nombrar.

A Walter le sorprende cierto poema de Godino donde a primera vista no hay en estos versos una sola expresión que no remita a un estado de cosas que no sea abstracto. (...) En todo caso, su eficacia poética no radica en los pormenores de la imagen o en la articulación rítmica, sino en el devenir de las combinaciones sintácticas.

Otra poética diseccionada, quizá antagónica a la de Godino, es la del entrañable Jorge Leónidas Escudero, donde se puede advertir un original proceso de hibridación entre oralidad y escritura.

Al analizar la obra de Escudero, Walter pone el foco en la mencionada relación entre oralidad y escritura: con frecuencia, en la oralidad, suele ocurrir que las palabras no se amoldan a las normas del registro escrito y cambian su fisonomía habitual mediante la variación o distorsión de algunos sonidos. Así, hay gente que pronuncia –y consecuentemente escribe- “muncipalidad” por municipalidad, “espontanio” por espontáneo o “veniste” por viniste. En estos casos, lo que el hablante seguramente no advierte es que, al permutar y alterar los caracteres en el armazón convencional de las palabras, está operando con recursos que son esenciales a la función poética.

En la obra de Escudero, la oralidad no es –como ocurre muchas veces en el llamado coloquialismo- un artefacto libresco, sino la materia prima que organiza y da vida al poema. (...) Porque es obvio: lo oral, a diferencia de lo escrito, no tiene un bastidor en el que montarse; es puro movimiento, pura dispersión auditiva en los agujeros del espacio-tiempo.

Aunque intente camuflarse en otra cosa, el poeta es siempre esa oreja poseída que atesora las voces de la intemperie: un mero accidente acústico, una pausa en el silencio eterno, anterior o posterior a las normas estipuladas por la gramática.

Sin intención de contrariar ninguna norma de lectura, amigos lectores, les pido por favor que relean el párrafo anterior, presten especial atención a esa idea cassariana de “oreja poseída”.

Es probable que sigamos sin entender qué es la poesía, o quienes son los poetas, pero en esa idea de “oreja poseída”, se cifra una clave no poco significativa sobre el porqué de este libro, o el porqué de este texto.

“Muchoj escribidore se dan güelta el celebro/ y como a bolsillo vacío naa les cae.// hacen nido en el libro como pavos riales,/ ponen güevadas/ y sacan crías pal olvido. ¡La pucha!/ se creen bonitos y andan moniando al puro cuesco”.(Jorge Leónidas Escudero)

En cierto sentido, Escudero retoma las cartas al joven poeta de Rilke, eso de que si se puede vivir sin escribir, mejor no escribir. Y si no queda otra que escribir, entonces a trabajar las palabras, no sea cosa de poner güevadas.

Escudero nos dice: “Mi escritura en los versos tiende a representar la palabra hablada, ella porque me las oigo decir y las digo, se me pegan en el oído pero no siempre”... A lo que Walter, con su oreja poseída, pone el énfasis en la enigmática advertencia “pero no siempre”, pues Escudero nos está diciendo que su poesía está hecha de un lenguaje a medias oído y a medias leído, que conjuga elementos naturales y artificiales en igual medida.

Podría decirse que a las cartas de Rilke se le podría agregar el consejo de que si no queda otra que escribir, entonces a escribir, que por ahí se da el milagro de que las musas se aparezcan, y como ha pasado con la poesía de Escudero, donde el silencio cuenta y canta tanto o más que las palabras (...) donde no sólo la entonación de la voz, sino cada palabra en sí misma parece haberse fusionado con el paisaje... por ahí se da el milagro, sólo por ahí.


5. LA BELLEZA

Walter insiste en reflexionar sobre la dimensión política de la poesía, y retoma la pregunta de Hölderlin: “¿Para qué poetas en tiempos de pobreza?”. Le responde analizando la poesía de Diana Bellessi, quien plantea una solución mesiánica, en el sentido que Walter Benjamín confiere a esta palabra: dar un “salto de tigre” sobre la balanza de la historia para forzar su aguja hacia un tiempo pletórico, (...) ya que la escritura de Bellessi mantiene una inclaudicable energía política que, sin renegar de ninguna de sus premisas ideológicas, ha tomado partido por las verdades más desvalidas del corazón.

“pienso/ en aquel instante/ donde todo el paraíso fue/ creado de un mismo soplo y luego/ hicimos la diferencia/ para que la rueda girara/ y floreciera la belleza”. (Diana Bellessi).

NOTA: Cualquier semejanza entre las palabras Bellessi y Belleza es pura coincidencia.

Probablemente, Walter nunca haya leído a Humberto Costantini, y si lo lee, me temo que le resulte indiferente, pero Costantini, militante de izquierdas, exiliado político en los ’70, no sólo rescata a la poesía en su dimensión política, sino que va más allá, plantea que los verdaderos temas de la política son los mismos que en la poesía. O como diría Rosa Luxemburgo, el ideal de “un orden social, donde nos sea dado, amar a todo el mundo”.

“¿Y si sí? / ¿Si entre tanto Lenin / coyuntura / y organismo de base / y compañero / se nos está infiltrando la ternura / como un disimulado agente de la CIA?” (Humberto Costantini)

Porque como bien lo saben Walter, Humberto Costantini, o Diana Bellessi, en el lugar donde va a florecer la belleza, la ternura tendrá más fuerza que cualquier disimulado agente de KAOS o KONTROL.


6. EL MISTERIO

Leyéndolo a Walter, es posible entender que hay tantas poéticas como poetas, no hay sólo una forma de decir poesía. Godino, Escudero, Bellessi, pero también Aldo Oliva (ningún poeta más consciente de la luz, y sin embargo más alejado de ella).

El poeta, pese a trabajar con la luz, la oscuridad, no es un físico, aunque en algo se le parece: la poesía opera con el mismo rigor y cuidado que la ciencia, no sólo por los paradigmas y las herramientas de los que dispone, sino por su relación conflictiva con la verdad y sus simulacra o falsas representaciones: los conceptos (...) el poeta descree tanto de las apariencias como el físico o el filósofo.

Y siguiendo con los consejos a lo Rilke, es sorprendente cómo la crítica, para explicar la evolución de la literatura, se maneja con clasificaciones tan básicas como generaciones, épocas o escuelas (...) Que Z o D hayan nacido en tal o cual año es un dato estadístico (...) nadie ha visto nunca una generación (...) y aunque parezca la broma colosal de algún esnob traspapelado en el tiempo, lo más representativo, lo mejor de una época nunca se manifiesta en simultaneo con el presente, sino que llega en tiempo diferido, con algún retraso o adelanto cronométrico.

El poeta, si en verdad aspira a completarse en la rumia de su propia canción, debe necesariamente terminar con la placenta que lo sujeta a una época y a un radio predeterminado, y aprender a respirar por si mismo; debe quedarse solo con su loco deseo de decir y de durar en el lenguaje.

Aún sin entender qué es la poesía, en ese “loco deseo de decir” puede comprenderse porqué una persona se sienta a escribir, o porqué Rilke se pone a dar consejos, que bien pueden complementarse en el siglo XXI con estas ideas cassarianas:

Por suerte para las jóvenes generaciones, la poesía ya no tiene que cumplir con la fastidiosa exigencia de ser moderna. (...) Eximida de la vaga y onerosa carga de las épocas, la poesía puede hoy volver a caminar sin demasiada culpa por los jardines reconquistados de su infancia. Puede, por fin, si quiere, abocarse otra vez al misterio de su música.


7. LA MÚSICA

¿ Será así? ¿Será acaso la poesía simplemente una forma más de la música, el canto?

Quizás todo el misterio de la poesía radique en cómo se traslada a la página la textura de una voz (...) En la voz, en la granulosidad y en su semilla, está contenida toda la persona –su edad y su historia-, como en los anillos que cifran el período de vida de un árbol. (...) No se trata de lo que decimos, sino cómo lo decimos. (...) El verso es un registro próximo al habla, o en todo caso un modo de articulación entre el habla y el canto.

Esa particular forma del canto que la oreja poseída de Walter detecta en la poesía de Osvaldo Bossi, es la que permite preguntarse si acaso el acto de escribir no es también arriesgarse a un sueño que luego nos será sustraído.

O dicho de otro modo, el acto de escribir como un mecanismo más de confrontarse con la noche, confrontarse con el silencio, confrontarse con esa orilla donde toda realidad se disuelve, para así confesar que existe algo contra lo cual nada podemos hacer. Y de allí, precisamente de esa impotencia, surge el poema, surge el poder y la fuerza, surge lo mejor y lo peor del hombre.

Ya fue dicho, Walter Cassara escribió un libro para intentar responderse qué es la poesía. Por supuesto, como cualquier poeta que se hace esta pregunta, no obtuvo ninguna respuesta.

Andrés Lewin

jueves, 7 de abril de 2011

CHEBORGES

Borges es de derecha. Por supuesto, nadie lo duda. Ahora bien, si usted se conforma con esa mirada, no siga leyendo, aproveche el tiempo para cosas más importantes. Pero si usted integra la ínfima legión de los hombres curiosos, espero no defraudarlo con estas reflexiones. Digo, porque para mí Borges y el Che, en un punto, son casi lo mismo.

Escuchemos primero al maestro:



O directamente puede leerse lo siguiente:

BORGES Y YO

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo xviii, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.

(Este texto pertenece al libro El HACEDOR, de Jorge Luis Borges, que puede conseguirse consultando en inpazlibros@gmail.com )


Si acaso existe algo así como un cielo, y hay una minima posibilidad de que usted, Borges, pueda leer lo que sigue, le pido disculpas. Por favor, no lo considere como un texto literario, es sólo una torpe reescritura a efectos didácticos, con la simple intención de desarrollar una idea:


EL CHE Y YO

Al otro, al Che, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por la selva y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar algún árbol o escuchar el sonido de un pájaro; del Che tengo noticias por la radio y veo su nombre en los reportes militares. Me gustan los poemas de Vallejo, el mate, los habanos, el traje de fajina y los gorros con una estrella en el frente; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un modelo fotográfico. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que el Che pueda hacer revoluciones y esas revoluciones me justifican. Nada me cuesta confesar que he ganado algunas batallas, pero esas batallas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino de los pueblos y los hombres que sueñan. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su terca costumbre de insistir aunque todo parezca perdido. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Che, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en su fusil que en estas palabras o en algún poema perdido de Jorge Luis Borges. Hace años yo traté de librarme de él y me fuí de Cuba al Congo, y ahora Bolivia, pero Bolivia ahora es el Che y yo tendré que seguir mi camino. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos, hoy, en esta escuelita perdida, escribe esta página.



" Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. "

Ernesto Guevara, como Jorge Luis Borges, como Vincent Van Gogh, fue uno de esos hombres extremos que dejan de ser, para transformarse en algo supremo (llamese literatura, arte, revolución). Ernesto, como tantos otros, pudo haber escrito estas palabras.

Andrelo

domingo, 10 de octubre de 2010

POSIBLES INSTRUCCIONES SOBRE COMO LEER POESIA

- Lea en voz alta, gesticule, acompañe con el cuerpo la lectura. Si está rodeado de gente y tiene temor al ridículo, conviva con el miedo o haga otra cosa, la poesía no se lee sólo con la vista.
- Si está en el colectivo, cierre los ojos veinte segundos. Recien ahí puede considerarse preparado para comenzar con el texto.
- En la cama, procure no tener compañia. Si la tiene, mis felicitaciones, pero cierre el libro, hay cosas más importantes en la vida.
- En una playa (buen lugar), sólo limpie de arena el libro al terminar la lectura (el libro no tiene la culpa de su dicha).
- En el banco de una plaza, disfrute, sólo disfrute, quizás usted también tenga algo de poeta.
- Nunca lea desde una pantalla de computadora. Olvídese de los que quieren cuidar el medio ambiente, imprima, el camino del conocimiento vale más que uno o dos árboles.
- Nunca se pregunte que quiso decir el poeta, más bien pregúntese que le provoca a usted la lectura.
- No pretenda entender con la razón. Por lo general, la que escribe no es la razón, sino alguien más misterioso.
- Olvídese de toda regla sintáctica, la poesía es un lenguaje aparte.
- Los cortes de versos, inteprételos como una pausa, una respiración en la lectura. Nada más (nada menos).
- Procure no conocer a un poeta, se va a desilusionar. Si su poesía es valiosa, seguramente será una persona insignificante. Y viceversa, si es una persona maravillosa, no lo lea, para que ?
- Toda regla tiene excepciones.
- Si usted piensa que hay plena armonía en este mundo, no pierda el tiempo con la poesía, haga cosas más productivas.
- Y si cree en la productividad del tiempo... discúlpeme, pero no lo entiendo, ¿ cómo es que llegó hasta aquí con este texto ?

miércoles, 16 de diciembre de 2009

INCHAUSPE


Juan Manuel Inchauspe: Nació en Santa Fe en 1940 y falleció en la misma ciudad en 1991. Publicó los libros “Poemas” (Editorial de La ventana, 1977) y “Trabajo nocturno” (UNL, 1985). Asimismo publicó sus trabajos en la Revista “Alto aire” (Rosario, 1965). La Universidad Nacional del Litoral, en el año 1994 publicó su “Poesía completa” con prólogo de Estela Figueroa, volumen de donde se extrajeron los textos que a continuación reproducimos:


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2.

Hay algo en mí que busca la más clara combinación.

Hay algo que golpea, necesita treparse,

volcarse en las palabras. La ventana

enmarca una porción de la noche.

Mis ojos están abiertos Mi cuerpo desecha

todo movimiento. Yo no necesito de la noche

para parecerme a ella,

sino para sentir el oscuro desafío que me enciende.


1967


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9.

Hay momentos en que la palabra

no está en ninguna parte.

Hasta el mismo corazón parece estar

fuera de su centro. Hasta esta cabeza.

¿ Cómo escucharé entonces la melodía oculta

si no puedo inventar el vuelo

de estos pájaros fríos, pequeños ?

Afuera las últimas estrellas tiemblan,

vacilan. La frialdad es perfecta.

Todo parece estar en su justo lugar.

Solo yo sé que esta noche no debe volver.


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6.

He estado leyendo en estos viejos papeles

palabras escritas hace tiempo

bajo otro cielo

en otra ciudad.


Sé que no son grandes palabras

que no hablan ni de la vida ni de la muerte

que han conseguido entrar en el corazón de algunos instantes

pero nada más.

Uno por uno

se retorció cada papel en el fuego.


Vertical

el frío de junio

caía sobre mí.


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ENCADENADO A ESAS PALABRAS QUE NO VIENEN

No es fácil estar sentado aquí

esperando que las palabras vengan al fín

a sacarnos de este vacío donde sudamos

un áspero y conocido perfume a soledad.

No se puede esperar demasiado tiempo

En el patio observo

la línea de la mañana. El viejo sol

con una paciencia infinita trilla

lentamente la flamante llanura.

En este mes de setiembre

entro en mi trigesimocuarto qué ?

La gata de casa

                           semidormida

se revuelve voluptuosamente sobre el pasto.

con los ojos entreabiertos, indiferentes hacia afuera

como si gozara íntimamente con algún secreto

que yo no tengo

                           parece no importarle demasiado

mi desprotección.

Adentro

mi hijo pequeñito duerme todavía

duerme y sueña y vuela.

Yo en cambio sigo aquí

encadenado a esas palabras que no vienen.


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Cómo puede la tristeza

escribirlo todo

sin dejarse ver.


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¿ Qué decir de Inchauspe ?
¿ Qué de vuelta nos retrotrae a la pregunta de siempre, de sí la poesía sirve para algo ? ¿ O son otras las preguntas ?

A Inchauspe uno lo imagina encerrado, con alguna botella acompañando, que uno supone de algún whisky malo, o acaso de ginebra. En la otra mano una birome, y por ahí también el cuaderno gastado.

Y se tienen ganas de tocarle el timbre, y que hacé' loco, venite, dale venite ... (que la noche está en pañales).
Invitarlo a compartir borracheras, ir de ronda por los bares, o a alguna fiesta con minitas y escabio, que aunque no haya pibitas, tampoco importa demasiado, que uno de los mejores antidotos contra la soledad, son las borracheras compartidas entre amigos.

Es que la poesía de Inchauspe es una poesía solitaria, del vacío, de palabras que no vienen, palabras cómo única compañía, incapaces de explicar el misterio de la vida.
Y la poesía cómo único refugio posible, alguien que escribe porque no sabe hacer otra cosa, y tan sólo se pregunta sobre la utilidad de las palabras.

Dice Inchauspe:
No es fácil estar sentado aquí / esperando que las palabras vengan al fín / a sacarnos de este vacío

Hay algo en mí que busca la más clara combinación. / Hay algo que golpea, necesita treparse, / volcarse en las palabras.

Parecería ser un hombre buscando una salida, soñando con palabras imposibles, cómo si por sólo nombrarlas, en un acto de fe, casi religioso, hubiera posibilidad de escapatoria.

Aunque si uno se remite a la biografía de Inchauspe, muerto joven y solitario, la lógica sería que nos resignemos al hecho fáctico que la poesía no le resultó de mucha utiilidad, tan inútil como es como camino de redención.

Y cómo la lógica no es nuestro fuerte, mantenemos la ilusión de seguir creyendo en las palabras, que aunque a Inchauspe no lo hayan redimido, al menos se tiene la convicción de que le sirvieron de alivio a su existencia cotidiana.


Pero eso sería sólo la anécdota de un solitario más en este mundo, y lo que vale, lo realmente importante, es la belleza en sus versos, esa terquedad en insistir, en tratar de transformar lo insignificante, lo ausente, en palabras luminosas.

Por eso gracias, Inchauspe, gracias.

Gracias por volvernos a la pregunta del principio, de si las palabras sirven para algo.

Y aunque no tenemos la respuesta, lo que si está claro, es que a nosotros, que también somos buscadores de palabras, lo que nos queda es persistir en la busqueda, que seguro, aunque esté preso, seguro que dentro de muchos años, otras generaciones, otros niños le escaparán a las playstation y volverán a insistir con la misma pregunta.

Andrelo
Buenos Aires, Diciembre de 2009



... continuará ...

lunes, 20 de julio de 2009

ALREDEDOR DE ALFONSIN

Entre tanto trucho dando vueltas, se nos fue Don Raúl, político de raza, verdadero.

Lo primero es darse cuenta que uno empieza a tener un pasado, un tiempo ya vivido, y no que es contado por los libros. De hecho, fue la primer imagen de un presidente que registra mi memoria, y por algunos años de mi infancia he creido que ser presidente era ser Alfonsín. Después supe que no, pero eso es otra historia.
También el recuerdo de aquel año 83, en el que el niño de 5 años que uno ha sido, andaba por el mundo con las manos en saludo alfonsinesco.

Lo segundo es darse cuenta que uno sigue siendo un iluso, cercano a los luchadores de causas perdidas, los que aún creen que política es otra cosa, no la guerra de vedettes que nos rodea.

Alfonsín, volvamos a Alfonsín, un hombre que ha perdido sus batallas.
Porque da risa escuchar ciertas voces que hablan de diálogo, república, instituciones.
O porque hemos comprobado que sólo con la democracia representativa no alcanza para comer, curar, educar.

La democracia representativa, al fin y al cabo, no es más que una forma de gobierno.
Es probable, y la historia parece afirmarlo, que hasta ahora es el menos malo de los sistemas de gobierno posibles.
No tengo respuestas ni soluciones, pero debe decirse que en ciertas ocasiones facilita el statu quo, porque a los poderosos de siempre les sale más barato comprar un diputado que mantener un ejército.
Y ahí está la trampa.

O el circo mediático que se queda en la anécdota de la cáscara vacía, que el santo Alfonsín, el honesto, el padre de la democracia.

Está bien, debe reconocerse que al lado de lo que rodea, un hombre que se muere en el mismo departamento en que vivió antes y después del ejercicio del poder, por lo menos parece un bicho raro. Pero no debemos dejar que nos confundan, la honestidad es una obligación, no una virtud.

Y desmerece al personaje que sólo se lo asocie con la democracia. Porque al gobierno se llega para eso, gobernar, tomar decisiones.

Y cuando estuvo ahí, por un tiempo Alfonsín se propuso mejorar un poco el estado de las cosas.
Revolucionario ? No, se diría que casi un menottista, el inodoro en el baño, la cama al dormitorio, los asesinos a las cárceles.

Por un rato insistió en el predominio de la política y algo se le animó a los poderes establecidos, la iglesia, los militares, sindicatos, la patria financiera. (Hasta se le animó a los poderes verdaderos e intentó una reestructuración de la deuda, diferenciando legítima de ilegitima, incluso cuenta la leyenda, que su primer ministro de economía, cuando un funcionario del FMI le empezó a plantear indignidades soberanas, se le bajó los pantalones en la cara, dicendole que era lo único que le faltaba).

Y aunque probablemente haya sido más que su partido, Alfonsin fue siempre un radical, un partido que en muchos momentos de su historia contradijo a su propio nombre, que se supone que implica convicciones profundas, innegociables.
Caso extraño la UCR, partido nacido con la sangre del suicidado Leandro N. Alem, el del "que se rompa, pero que no se doble" .

Alfonsín, radical al fin, termino cayendo en la trampa de la democracia, negoció hasta el exceso, se dobló, que la casa está en orden, felices pascuas.
Esta bién, es cómo cuando mirando la tele, uno no puede creer el gol que se erró el numero 9... había que estar en ese momento, ese lugar.
Y se le debe reconocer a Alfonsín la dignidad de hacerse cargo, como todo lo que hizo o dijo en su vida pública.

Pero la trampa está, se habla más de democracia, que de sus intentos de cambiar un poco el estado de las cosas, que a veces pudo, en general no.

Prefiero recordarlo por eso, por el juicio a las juntas, la capital en Viedma, las cajas de PAN.

Y mis respetos a su memoria, su familia y si alguno queda por ahí, a los luchadores de causas perdidas.

Andrelo
Buenos Aires, 2 de Abril de 2009

COSAS QUE TE PASAN SI ESTAS VIVO (DIANITA Y ANDRELO DE VIAJE)

En la India pasan cosas.

Se trata de un lugar de gente extraña, donde lo posible e imposible son posibles.

Lo primero será comprobar la inutilidad de pretender en pocos días entender de qué se trata.
Sacando al turista de lo obvio, no hay 2 personas que vayan a los mismos lugares. Uno escucha y cree que todo vale la pena, se pone a hacer cuentas y llega a la conclusión que para más o menos saber qué es la India, con uno o dos años de viaje quizás se esté cerca.
No es el caso, así que van las disculpas por los comentarios apresurados, o que poco tengan que ver con la realidad verdadera.

Lo que sigue es sólo una muestra de lo que las habladurías dicen que puede sucederte, o si se quiere, puede tomarse también por un humilde intento de describir lo posible, e imposible, acerca de la India de las contradicciones, a la que por momentos dan ganas de abrazarla, y al rato de pegarle una buena trompada en la cara. Y que le duela.

Cuentan las habladurías que es posible, y probable, que al llegar uno camine por ese amontonadero de gente que le dicen Old Delhi, y mientras uno intenta no volverse loco y dejarse llevar, sin ser atropellado por una vaca, bicicleta o el carrito del lechero, y cuando no se entiende bien donde se está, puede suceder que se tenga un instante de lucidez y uno se tome 5 minutos y La Virginia es el Té.
Aunque no sea La Virginia y el té venga con leche. Es que los indios toman té, y bienvenido a la India, que se van a tomar más litros de té que en 30 años de vida.

Puede pasar que ahí lo veas al "Chai-walla" (lease chai=té y walla=muchacho, o bien "muchacho del té") mezclar sus brebajes y servirte el té en su carrito en medio de la calle.
Te van a pasar 2 cosas, una será creer que en la India el té es algo mágico, para después comprobar que los hay buenos y no tanto, y lo segundo será darte cuenta que sos un extraño, lo vas a ser y te van a mirar más de lo acostumbrado. Y cuando hablo de mirar digo fijo, y a la cara.
Y cuando digo más de lo acostumbrado, digo siempre. O casi.

Así como en Argentina sólo se necesitan formar los dedos de determinada forma para que te sirvan un café expreso, en la India con decir Chai te va a tocar un té con leche, aunque Chai sólo quiere decir té y pueden existir otras variedades, como el té con limón y jengibre. Eso sí, el té es dulce o no es. Uno supone que el preguntar cuantas cucharas de azucar es una costumbre moderna que aún no llegó a la India.
Algún Baba (lease sabio) te va a explicar que el té con leche tiene el color de la piel, y que eso ayuda a sincronizarse con lo interior, o algo así, porque el ingles que puede hablar el Baba en el templo hindú no es precisamente lo que uno creía que es el idioma inglés (intentar entender a un indio hablando ingles requiere de un esfuerzo mental al que no siempre uno está dispuesto).

Te va a pasar comprobar que los indios no tienen ni idea que existe algo que se llama Argentina. Los pocos a los que no les resulta tan extraña la palabra, saben que es un lugar donde se juega al futbol. Y sólo algunos te van a sacar una sonrisa con sólo pronunciar a Maradona.
Estará el que te cuente que su primer televisor lo estrenó en el Mundial 86, y era cuestión de sacar la tele a la calle que la gente se juntaba por la magia del 10. También el que muy serio te explique que sin Maradona, Argentina no hubiese sido campeón. Y si tenés suerte, puede ser que te cruces con el controlador de la torre aerea, fanático de "lawn tennis", que te traiga a la memoria a la gran Gabriela Sabatini. Ahí sí que no podés evitar ser feliz por 2 segundos.
Claro, también estará el que piense que Argentina es parte de Rusia, y cuando le digas "South America", te conteste ... ahhhhhhh, South Africa... and your language is Russian.... (se agradece a los lectores que imaginen el tono indio para figurarse lo anterior).

Vas a comprobar que a la India todavía no llegó el concepto occidental de lo politicamente correcto, y te vas a acostumbrar a que te hagan las preguntas más extrañas, desde cual es tu sueldo a la tercer pregunta pos-saludo, hasta cual es la moneda en Argentina.
Incluso puede sucederte que un niño te pregunte de que casta sos, y una hermana tuya, con su habitual delicadeza, es probable que le diga que en nuestro país no hay castas, que todos somos seres humanos. El mismo niño, aún sin captar la respuesta, y sólo para saciar su sed de conocimiento, insistirá en preguntar sobre cual es tu dios... No, por supuesto que serás incapaz de resumirle 30 años de incertidumbre existencial. Probablemente no se te ocurra nada mejor que decirle "no god".
Habrás dicho lo correcto ? Poco importa, no olvidarse que uno es un extraño, casi extraterrestre, lo que te convierte en un ser inimputable.

Ya fue dicho, tu color de piel te convierte en algo así como un objeto volador no identificado, y te va a pasar que te miren, pidan sacarse fotos contigo, y hasta puede pasar que a tu hermana le pidan un autografo. También puede ser que se te acerque un adolescente, te dé la mano, y te diga que su hobby es saludar a extranjeros.

Te van a explicar que la India es la democracia más grande del mundo, y no podés dudar que es una democracia, tan real que todo vale. Se siente, se percibe, una convicción profunda de democracia no violenta, si no sería imposible vivir en el caos que se vive y no morir en el intento.
A un occidental como uno le cuesta comprender cómo no se están matando entre todos, o cómo es que se puede caminar sin temor a ser asaltado a cada instante.

Si uno es de convicciones socialistas, debe resigarse a que los indios, a su modo, son capitalistas. Está bien, los hay los que andan desposeidos de toda posesión por propia voluntad, pero en la mayoría de los casos, hasta el tipito que duerme en la calle y su negocio es un carrito, anda orgulloso de su oficio y negocios son negocios. Cuando se levante a la mañana, el tipito se va a afeitar, peinar, emprolijar y será uno más entre los pendientes de la imagen y las cosas. Pocas, pero cosas.

Debe reconocerse que el comercio es una tradición milenaria en una zona históricamente estratégica, y todo se negocia, viene en los genes. El tipito va a hacer un rezo con la primer plata del día, y el temor que uno tiene, es que esta gente extraña, tan acostumbrada a rezarle a cualquier cosa, pronto le rece a esos cachos de cemento y mal gusto que son los Shopping Center. Que ya existen, descolgados, con sus carteles en ingles y los mismos logos conocidos.

A la India le falta Rocanrol, vieja.
Un John Lennon le vendría muy bien a esa sociedad conservadora, donde el tema de conversación de los jovenes es si tal o cual se casó por amor o por arreglo. Con humor machista, al menos debe reconocerse algo de justicia en esos casamientos arreglados, donde la familia de la mujer debe pagarle al novio para casar a la nena. Y puede pasar, me han contado de casos, donde la familia del novio considera insuficiente la propuesta, y eso que las indias solteras no son tan fuleras, sólo se les complica cuando engordan en la vida escondida de las amas de casa.

En la India, uno se dará cuenta que es un bicho de occidente, y que pese a reconocer la insensatez de considerar un nuevo ciclo el recuerdo del corte al niño Jesús, uno igual quiera festejar el año nuevo cristiano y las únicas opciones sean el hotel más caro, o fiestas donde sólo se aceptan parejas.
Ni hablar si se quiere tomar una cerveza, lo que puede resultar una odisea que termine por ganarte por cansancio. Resignado, lo más probable es que termines cenando en el restaurante más occidental posible, y así descubrir la locura india del festejo, que consiste en apagar las luces a las doce... prenderlas doce y un segundo... y después... claro, seguir cenando, si a eso se fue.

Y los nenes con los nenes, y las nenas con las nenas. Y si digo nenes con nenes, hablo de ver por la calle hombres de la mano, o abrazados.
Quizás sea por la falta de niñas hasta los casorios, quien sabe.

Muy seguido pasará que uno se sienta absorbido por el caos, y en esos momentos es cuando suele aparecer un indio buena gente. Es que negocios son negocios, y la viveza no es sólo criolla, y cuando el "Ricksha-Walla" te quiera cobrar el triple por portación de cara, es probable que aparezca otro indio que negocie por tí la tarifa. Y el mismo "Ricksha-Walla", si se lo saca de la pelea por el precio, quizás te ayude a encontrar la parada del omnibus, discretamente escondida en un lugar imposible.
Puede ser también que andes por un pueblo, te cruzes con el Chai-Walla que hablaste por la tarde, recuerde tu cara y te invite con un chai en el puesto de otro Chai-Walla, porque el suyo ya cerró.

Quizas en algún lado te pase sentirte en otro país, sentir que no es la India, que por ejemplo estás en el Tibet, la tierra de los budistas que siguen las enseñanzas del Dalai Lama.
Y puede ser que conozcas un par de pibes tibetanos, que a los 20 años han dejado atras familia y pasado, y han peregrinado un mes por los himalayas, durmiendo en cuevas por el día, caminando en la nieve por las noches, esquivando balas chinas y cadáveres de compatriotas tibetanos.
Los niños te van a contar que están terminando la primaria, aprendiendo su idioma y el ingles, que uno quiere ser maestro y el otro psicólogo, que el problema es con el gobierno chino, no con su pueblo.
Te vas a enterar que los tibetanos, cuando los chinos los están torturando, rezan y se compadecen del sufrimiento en el alma de sus torturadores.
No, por supuesto que tu mundo no puede ser el mismo que era después de conocer esos pibes, sus historias, sus sonrisas, o las carcajadas del Dalai Lama arreglando relojes.

Y si anduviste por el Little Tibet, vas a querer volver a la India real y sus mil religiones, mil idiomas, mil pueblos.
Te vas a enterar que existe una religión que son los Sikhs, que son el colmo de la buena onda, aunque algo en su mirada te haga sospechar que mejor es tenerlos de amigos, que son buena gente, pero que ni se te ocurra joderlos, y sino preguntale a la memoria de Indira Gandhi.
Y si alguien alguna vez te hizo sospechar que la India es el Taj Mahal, no le creas, date una vuelta por el templo dorado de los sikhs y ahí sí vas a percibir la fuerza que puede tener un lugar.
Y si la burocracia no te permite dormir en su templo, a no preocuparse, ya que algún guardia tendrá algún hermano, que seguramente va a tener una pieza, que puede que la tenga a disposición de desconocidos y casi seguro que no pida plata por ello, tan sólo que la recomiendes a tus amigos.

Y si por algún segundo tu mente occidentalizada y perversa se pone a comparar la riqueza del templo dorado con las hipocresias de los techos vaticanos, el comedor comunitario del templo, abierto a cualquiera que pase por ahí, que da de comer estimativamente a 50.000 personas por día, te va a despejar cualquier duda. También puede pasarte que quieras comer y compruebes la dignidad del menú.

Si, dije 50.000 personas por día, lo que no fue dicho es que debe ser el lugar más limpio de la India.
Lo repito, por si acaso alguno de ustedes es gobernante, o tiene intención de serlo, en la India existe un comedor comunitario que gratuitamente le da de comer a 50.000 personas por día, así que por favor no me digan que debemos resignarnos a ver niños con hambre.

Puede sucederte que te sientas parte de una fábula, la del elefante encadenado. De pequeño, en el circo lo atan a una simple estaca. Intenta desatarse una, dos, cien veces.
Es débil, se acostumbra a la prisión . De grande, ni se le ocurre que ya tiene la fuerza de su libertad.
La india es fabulosa, de fábula.
Son tantos elefantes...

Las cadenas puede que te recuerden a Carlitos Marx y su teoría de que la historia ante todo es económica. Porque al fin y al cabo, ni el budismo ni el sijismo hubieran nacido si no fuera como oposición al sistema de castas propio al hinduismo.
En cierta forma, puede decirse que hasta la espiritualidad y las buenas ideas son hijas de un determinado estado socioeconómico. Acaso existiría el budismo si la India siempre hubiese sido una sociedad igualitaria, sin intocables ni brahmanes ?

Y no podés no seguir en las mil religiones, sus creencias, diferencias. Es que son todas distintas, lo único en común es que hay que sacarse las zapatillas al ingresar a sus templos.

Y si seguís con el hinduismo, sabrás que se le reza a lo ríos. No, aunque hagas un esfuerzo mental, no le ves menos lógica que rezarle a cruces o libros.
Y se creman, los cuerpos se creman. Te preguntarás si acaso los hindues no seguirán las enseñanzas del filósofo Julio Grondona, alias "todo pasa". O cómo hacer para no perdonarles cierta desidia por la historia, la memoria, si hasta sus cuerpos son cremados y la existencia es sólo pasajera.
Claro, todo pasa.

Vas a comprobar en la India a un pueblo genéricamente pacífico, no por nada Gandhi está en todos los billetes, el de 5, 10, 20, 50, 100, 500 y hasta en el de 1000 rupees.
Pero el ser humano es humano al fin, y cada tanto la India se ve complicada en algún cacho de muerte. El lío de hoy, y de siempre, es con Pakistán, una frontera en permanente tensión, al borde de la guerra.
Ya fue dicho, los indios suelen ser pacíficos, o algo así, o como hacer para explicar la ceremonia que día a día se celebra en la frontera, donde por un rato se abren las puertas, y unas cuantas miles de personas del lado indio se ponen a cantar y bailar canciones de tinte nacionalista. Los pakistaníes hacen lo mismo, son algunos menos, quizás unos 5.000 - 10.000.

Eso es ser pacífico ? Quien escribe no tiene la respuesta, sólo puede decir que es mucho, pero mucho más divertido apreciar un espectaculo de hinchadas al estilo Feliz Domingo que el espectáculo de los fuegos artificiales de la muerte.
Semejante espectáculo puede que te ayude a re-valorizar al deporte como farsa de la guerra. Porque no nos confundamos, aunque ganarle a los ingleses siempre tenga un gusto especial, es mucho más divertido que sea en una cancha de futbol, y no en esa isla.
Es probable, puede suceder, que al volver a tu casa alguna borrachera te acompañe, y sueñes, te imagines, si no será cuestión de mandar a Silvio Soldán a la Franja de Gaza. Quizás cantando, bailando, arreglemos esa historia.
Si, seguro es cosa de borracho.

Te dirán que la India es la tierra del Yoga. Probablemente seas incapaz de afirmarlo, solo verás la palabra en sitios turísticos.
Comprobarás que en la India el inodoro occidental es un invento moderno, aún escaso. Es que los indios viven en posición cagadora, la que se utiliza en las letrinas. Ah, claro, quizas sea que el yoga es parte de sus genes, sus historias.

Puede ser, es probable, que al andar por la India del caos, te sientas algo abrumado y quieras irte a la playa, escaparle a las vacas. Y te tomarás un avión, llegarás a ese pedazo de occidente que le dicen Goa, dirás que no, que es demasiado, seguiras por las rutas, volverás a la India real. Y llegarás a la playa, tranquila, brillante, hermosa. Por supuesto, ahí también te cruzarás con vacas buena onda (y playeras).

No, no hay forma de terminar el relato sin pensar en las vacas, que se extrañan, porque no es lo mismo una vaca sagrada que un asado entre amigos. O sí, quien sabe.
Y las vacas puede que simbolicen lo distinto de la India, un país de pobreza y dignidades, incapaz de caer en la tentación de matarlas.
Y uno, tan débil, tan humano, sabrá que seguirá disfrutando de asados, aunque no podrá dejar de querer a ese pueblo incapaz de esa muerte, aunque sólo sea por costumbre y creencias, algo absurdas, pero no menos que otras invenciones del hombre, tan justiciero, matador y que encima se asombra de un pueblo que cuida a sus vacas.

Namaste ... y Sat Shri Kal .... y Tashi Delek ...
(Saludo en Hindi, Punjabi, y Tibetano, respectivamente)

Andrelo, Enero de 2009


Se puede ver fotos, imágenes de lo que se cuenta, en el siguiente link:

http://picasaweb.google.com/adlewin/INDIADIC2008ENE2009